Una nueva realidad no tan nueva

Desde hace ya un tiempo convivimos con una nueva realidad: las aeronaves pilotadas de forma remota o más coloquialmente, los drones. Pero por muy real que sea, cabe decir que no es del todo una novedad. En la Primera Guerra Mundial se utilizaban cometas para obtener el reconocimiento de la posición del enemigo. Como este hay múltiples ejemplos de los predecesores del dron tal y como lo conocemos. Sin embargo, somos pocos (todavía) los que pensamos que los drones, inofensivos a simple vista en nuestros días, entrañan un gran riesgo para la privacidad e intimidad de las personas. Es por ello que debemos preguntarnos: ¿Cómo puedo minimizar el riesgo de impacto en la privacidad de terceros, con el uso de drones?

 

De “sine lege” a la privacidad del RGPD y la LOPDGDD

En este caso hemos pasado de no tener ninguna normativa respecto de los drones, en cuanto a privacidad, a aplicar el gran Reglamento Europeo de Protección de Datos, con todo lo que ello conlleva. Asimismo, la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales incluye un artículo sobre video vigilancia, directamente aplicable a los drones. Es por ello, que cómo nueva tecnología disruptiva que es tenemos que ver como se le aplica la nueva normativa de privacidad y, sobre todo, como garantizar los derechos de los demás.

Minimización del riesgo 

Según la recién publicada Guía de la Agencia Española de Protección de Datos, existen 3 tipos de operaciones que puede efectuar un dron: las que no incluyen un tratamiento de datos personales, las que incidentalmente o colateralmente pueden incluirlo y las que tienen por finalidad dicho tratamiento de datos.

El primer tipo de operaciones las llevan a cabo drones con configuraciones muy básicas. Es decir, no tienen un sistema de captación de imagen o sonido o cualquier otro dato que permita la identificación de una persona. En el segundo caso, los tratamientos que pueden incluir datos personales son los efectuados por parte de drones para inspeccionar defectos en las carreteras, efectuar tratamientos en agricultura, etc. El tercer y último tratamiento es efectuado por drones destinados expresamente a la videovigilancia o a la grabación de eventos. La gran pregunta pues es, ¿qué podemos hacer para minimizar el riesgo de impacto sobre la privacidad de terceros? Existen diversas medidas que pueden tenerse en cuenta, como por ejemplo:

  • Reducción de la calidad de imagen del dispositivo instalado en el dron.
  • Postratamiento de imágenes para pixelar caras, matrículas, casas, etc.
  • Acotar el radio de actuación del dron.
  • Hacer volar el dron en horas y espacios donde no haya tanta afluencia de personas.
  • Cortar las partes de grabación donde aparezcan personas identificadas o identificables si no son necesarias para el fin de la grabación.

 

¿Qué ocurre con el derecho a la información?

Es cierto que por el tipo de tecnología que es un dron, un objeto en constante movimiento afectando a múltiples personas, no se puede cumplir este deber con la misma facilidad que en otros tratamientos. Pongamos dos ejemplos para intentar salvar este obstáculo como son la video vigilancia de un terreno rústico para evitar robos y la grabación de un concierto.

En el primer caso, desde el punto de vista de esta parte, bastaría con incluir carteles en el perímetro de la finca advirtiendo a quién entre que puede ser vigilado mediante esta tecnología. Asimismo, el cartel debería incluir el nombre y el contacto del responsable al cuál dirigirse. Si encomendamos esta tarea a alguien que tenga un dron, debemos tener en cuenta que nosotros seremos el responsable del tratamiento y este tercero, nuestro encargado. Esta relación deberá regularse mediante un contrato.

El en el caso de la grabación de un concierto, debería advertirse este hecho al usuario de forma clara y concreta en el momento de la adquisición de la entrada. Además, en el lugar del evento, cumplir con la misma exigencia anterior: incluir carteles que reflejen quién es el responsable del tratamiento. Otra garantía para el usuario es que el encargado de grabar el evento lo haga de forma que no pueda distinguirse ninguna persona entre la multitud, efectuar una postproducción para pixelar las caras o advertir del horario y la zona concreta que va a sobrevolar.

 

¿Y  la privacidad en el uso doméstico?

Cabe decir también que quienes utilicen un dron para uso propio grabando imágenes personales y, colateralmente a algún tercero, no están sujetos a la normativa de protección de datos, según la guía citada anteriormente de la AEPD. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que aunque no sea de aplicación la normativa de privacidad sí lo es la de intimidad, honor y propia imagen.